Urdhva Mukha Svanasana

Imagina tu cuerpo en Chaturanga, con esos cuatro puntos de apoyo que te conectan a la tierra: tus dos manos y las puntas de los dedos de tus dos pies.

Inhalas y sientes como tus empeines comienzan a enraizarse fuertemente a la tierra, la presionan y transmiten la fuerza de esa conexión a tus gemelos, tus muslos, tus glúteos.
 
Tu pelvis realiza una retroversión para facilitar el posterior movimiento de extensión. Nunca olvides que una extensión no implica la compresión de ninguna zona de tu columna, fuente vital de energía y que siempre has de cuidar como tal.
 
Tus manos potencian su enraizamiento a la tierra y sienten como ésta las empuja para acompañar y facilitar la extensión de tu columna. Primero la zona lumbar, luego la dorsal y a continuación son tus escápulas las que comienzan a anclarse en tu espalda. No permitas que tus codos se separen de tu cuerpo en ningún momento.
 
Tus cervicales son las últimas en realizar esa extensión. Con un movimiento lento pero fluido empiezan a elevarse, una a una, como si una suave ola las fuese recorriendo. Y sientes como tu nuca no quiere dejar de estirarse, para que así tu coronilla mire fijamente al cielo. Recuerda, no debe existir compresión, mantén tu mirada fija y firme al frente.
 
Sientes la fuerte conexión de la tierra con tus manos y tus empeines. Sientes tus escápulas protegiendo sin descanso tu espalda y tu cuello. Sientes tus lumbares y tus cervicales con una curvatura natural, sin ninguna compresión. Sientes tu pecho abierto, tu corazón totalmente expandido. Sientes tu mirada decidida al frente. Sientes la fuerza que esta postura le regala a todo tu cuerpo y a todo tu interior.

Imagina tu cuerpo en Chaturanga, con esos cuatro puntos de apoyo que te conectan a la tierra: tus dos manos y las puntas de los dedos de tus dos pies.

Inhalas y sientes como tus empeines comienzan a enraizarse fuertemente a la tierra, la presionan y transmiten la fuerza de esa conexión a tus gemelos, tus muslos, tus glúteos.
 
Tu pelvis realiza una retroversión para facilitar el posterior movimiento de extensión. Nunca olvides que una extensión no implica la compresión de ninguna zona de tu columna, fuente vital de energía y que siempre has de cuidar como tal.
 
Tus manos potencian su enraizamiento a la tierra y sienten como ésta las empuja para acompañar y facilitar la extensión de tu columna. Primero la zona lumbar, luego la dorsal y a continuación son tus escápulas las que comienzan a anclarse en tu espalda. No permitas que tus codos se separen de tu cuerpo en ningún momento.
 
Tus cervicales son las últimas en realizar esa extensión. Con un movimiento lento pero fluido empiezan a elevarse, una a una, como si una suave ola las fuese recorriendo. Y sientes como tu nuca no quiere dejar de estirarse, para que así tu coronilla mire fijamente al cielo. Recuerda, no debe existir compresión, mantén tu mirada fija y firme al frente.
 
Sientes la fuerte conexión de la tierra con tus manos y tus empeines. Sientes tus escápulas protegiendo sin descanso tu espalda y tu cuello. Sientes tus lumbares y tus cervicales con una curvatura natural, sin ninguna compresión. Sientes tu pecho abierto, tu corazón totalmente expandido. Sientes tu mirada decidida al frente. Sientes la fuerza que esta postura le regala a todo tu cuerpo y a todo tu interior.